El pensamiento, como la vida, evoluciona.

Por muchos años creí que las personas podían evitar el sufrimiento y cambiar sus actitudes de manera lógica. Por ejemplo, si uno sabía de antemano que tal comportamiento a la larga traería consecuencias negativas, ¿por qué no cambiarlo antes que esas consecuencias se presentaran? Era lógico, ¿no?

Resulta que las personas no somos lógicas. Solemos actuar más por el principio de evitar el dolor más que la búsqueda de placer. Y para huir del dolor primero hay que experimentarlo. Quería creer otra cosa pero la realidad me mostró que era diferente.

Desde hace un tiempo pienso que el cambio verdadero sólo se da luego de una crisis y no antes.

Seguramente esta idea seguirá evolucionando pero por ahora es el paradigma que mejor me explica las cosas.

Jonathan Fields de Awake at the Wheel hablaba hace poco de si hay que sufrir para ser un grande. La cuestión es esta: ¿tienes que convertirte en alcohólico para experimentar lo mismo que Hemingway y quizás tener una porción de su talento? Sí y no.

  • El dolor hay que sentirlo

Como decía antes, el más poderoso catalizador del cambio es evitar el dolor. Es la fuerza incontenible que hace que nunca más querramos salir de la cama cuando nos creemos víctimas de nuestros propios comportamientos o que nos hace cambiar si estamos hartos de pasar siempre por lo mismo. En ambos casos huimos del dolor.

  • El dolor no puede ser artificial

Si bien se puede experimentar creando artificialmente el dolor (por ejemplo tomando alcohol o drogándose sólo porque un personaje admirado lo hace), el resultado no va a ser el mismo. Puedes tener una técnica perfecta pero te faltará el verdadero espíritu.

  • Y al final, no tiene nada que ver con el dolor

Aquí es donde Jonathan puso en palabras lo que yo quería decir. No tiene que ver con el dolor (o el huir de él como reacción primaria) sino con el compromiso con uno y con su idea.

Él lo pone así:

“No necesitas sufrir, necesitas vivir. No necesitas perder, necesitas estar abierto al riesgo. Necesitas sentir cómo es sacar la cabeza y ser juzgado. Necesitas bailar con la incertidumbre. Necesitas seguir tu pasión sin respiro. (…) No tiene que ver con sufrir. Tiene que ver con estar presente. Tiene que ver con conectarse con lo que es real y lo que no. Es darte permiso para sentir. (…) Tiene que ver con ser real.”

Yo coincido con él. Más que evitar el dolor, muchos prefieren quedarse dentro de sus cuevas para evitar otros dolores como el rechazo, el que tus sueños no se hagan realidad, fallar en tus planes. Sí, es más cómodo quedarse en la cueva.

Y más aburrido también.

La vida está para ser vivida. Para equivocarnos, para aprender, para cambiar el curso.

La palabra clave de este año es auntenticidad.

¿Te atreves?